Las serenatas tienen su origen en Europa del siglo XVIII, durante fiestas y veladas nocturnas con piezas musicales especiales, la mayoría de estas marcan su nacimiento en la. Los aristócratas pedían composiciones a Mozart o a Beethoven para las veladas. Con la singularidad de que tenían que ser tonadas limpias y serenas, de ahí que se llamaran serenatas.


En Latinoamérica, tanto en las colonias como en los virreinatos, se acostumbraba a realizar concursos de estas piezas durante el atardecer, pero al aire libre. Luego se les agregaron letras, que hablaban de penas y de amor. Por lo tanto, fue en América donde la serenata adquirió su carácter romántico al pie del balcón.


De la serenata italiana, que tiene su origen en los cantos populares que se hacían en las calles, usaban mandolina. Siguiendo las viejas costumbres del trovador medieval.


Por otro lado, de España, en donde la mandolina se cambió por la rondalla y la tuna, la cual llegó a México. Cabe mencionar que en la actualidad continua la vieja costumbre de la estudiantina, que toca este tipo de música con estos instrumentos.


Durante el siglo XX, estos grupos de cuerdas se hicieron populares en México y se les conocía con el nombre de fandangos o mariachis. Eran tan famosos entre la gente que incluso los dignatarios como Porfirio Díaz eran recibidos con grandes grupos de mariachis.


La Segunda Guerra Mundial Y El Apagón


En la vida nocturna de los 40’s, los mariachis se presentaban dentro de clubes y centros nocturnos tocando desde un balcón al público. Cuando México declaró la guerra, las luces de las principales ciudades se apagaban por completo con el fin de que los aviones japoneses no llegaran a atacar; a esto se le llamaban “el apagón”.


Sin embargo, como buenos mexicanos, sacamos la fiesta a las calles, sin importar aquello de “el apagón”.


Así que las manifestaciones públicas del mariachi fueron, en sus inicios, para conquistar a las muchachas. La banda musical se situaba al pie del balcón de las casas para despertarlas con canciones románticas.


Este fenómeno se volvió aún más popular cuando se reprodujo en las películas mexicanas, bajo las voces de Agustín Lara, Luis Aguilar o Pedro Infante. Y se volvía aún más romántico el asunto cuando el caballero protector llegaba al balcón montado en caballo con su traje de charro.


*Fuente: Más Vale Saber